Hipoteca vivienda habitual
A la hora de comprar una vivienda, muchos bancos muestran interés en conocer si el hogar que vas a adquirir es declarado ‘vivienda habitual’ o ‘segunda residencia’. Esta diferencia de términos esconde diferentes tipos de hipoteca que hay que tener en cuenta a la hora de acceder a un préstamo hipotecario. Así, a la hora de solicitar una hipoteca para vivienda habitual, debes tener en cuenta el uso que le vas a dar al piso o a la casa (residencia habitual) y el porcentaje de financiación máximo que te va a otorgar el banco o entidad financiera.
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Qué características debe tener una hipoteca para vivienda habitual
Una hipoteca para vivienda habitual suele ofrecer mejores condiciones si comparas con un préstamo hipotecario para segunda residencia. De esta forma, algunos aspectos clave a tener en cuenta son:
- Mayor porcentaje de financiación. En una hipoteca para vivienda habitual, los bancos suelen financiar hasta el 80% del valor de tasación del inmueble, aunque algunas entidades pueden ofrecer más si tienes un perfil financiero solvente (funcionarios, sueldos elevados, etc). En el caso de una segunda residencia, el porcentaje de financiación suele reducirse, generalmente hasta un 60-70%.
- Menores tipos de interés. Las hipotecas para vivienda habitual suelen contar con tipos de interés más bajos, ya que el riesgo de impago es menor en una propiedad que se utiliza como residencia principal. Además, muchas entidades ofrecen condiciones especiales si se cumplen ciertos requisitos, como domiciliar la nómina o contratar seguros asociados.
- Plazos de amortización más largos: En comparación con hipotecas para segundas residencias, las de vivienda habitual pueden tener plazos de amortización más extensos, llegando hasta los 30 o incluso 40 años. Esto permite cuotas más cómodas y adaptadas a las capacidades económicas del solicitante.
- Condiciones fiscales favorables: Al tratarse de una vivienda habitual, puedes acceder a desgravaciones fiscales y beneficios tributarios específicos que no aplican a segundas residencias. Aunque la normativa fiscal puede variar, estos beneficios pueden ayudar a reducir el impacto financiero de la hipoteca.
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